El 50%* del vocabulario que aprendí en China está representado por el caracter 水, que en pinyin se escribe "shuǐ" y significa "agua" **. Ahora bien, el 33% de mi léxico japonés se compone del kanji水, que adivinen qué: significa "agua" también, pero su romanización es "mizu". Es decir, se escriben igual pero se dicen muy distinto.
En el escritorio de mi trabajo, tengo unos imanes con los primeros caracteres de los días de la semana en japonés:
Como ven, el tercer kanji es nuestra amiga 水. Resulta que miércoles en japonés, se dice 水曜日 (suiyôbi). Los dos últimos caracteres, significan "día de la semana", y el primero, bueno, pues ya sabemos qué es. Así que en japonés, el miércoles es el día del agua, y la pronunciación de ese primer caracter es parecida a la shuǐdel chino.
Ahora, para terminar el enredo, miércoles en chino se dice 星期三 (en pinyin: xīngqísān), que no es más que algo como "tercer día de la semana", lo cual no tiene nada que ver ni con el agua ni con nada. Prefiero como se dice en español: miércoles, día de Mercurio, dios del comercio y además mensajero de los dioses, portador de las geniales chanclas con alas, muy útiles para poderse desplazar velozmente y entregar de manera oportuna los recados celestiales. Se dice (desafortunadamente no lo puedo confirmar, pues soy vieja pero no tanto como para haberlo presenciado), que las alas fueron adheridas a las sandalias de Mercurio por descendientes romanos del propio Dédalo, que ya habían aprendido la dura lección de su antecesor
Prometo terminar con el último apunte, y es que es claro que si Mercurio fuera un hipster-millenial-posmoderno de hoy en día, tendría los Adidas Wings Jeremy Scot:
Que seguramente fueron manufacturados en China, por un montón de chinitos mientras viajaban por el océano en un barco de estos:
Fin.
*el otro 50% está formado por el caracter 冰, que significa hielo, y que debí aprender porque me quebré un dedo del pie en Shanghai y necesitaba saber cómo pedirlo para ponérmelo en mi patita y desinflamar un poco. Nótese que es el mismo 水 pero con unas rayitas adicionales al principio, que supongo que significarán que el agua está congelada. **este es un punto importante, pues justamente fui hasta esas lejanas latitudes a un curso de tratamiento de aguas
Y como
ferviente afiliada a los ideales del Frente Liberal Estatista Lista Azul, el
partido al que yo pertenezco desde que tengo uso de razón, lloro su pronta
partida.
Daniel me
acompañó en los momentos más difíciles de mi vida. Nunca me abandonó.
Nunca me partió el corazón. Nunca me cambió por otra. Solo me dio felicidad.
Solo con dar
un simple play, Manuel Darío, (sí,
como el poeta, el de las “Rimas de Becket”), lograba espantar las penas de amor
causadas por algún hijo de la mujer de Utah.Así yo estuviera tan triste como Helmut Bösengeist cuando se acordaba de
su perro,o tan desolada como Francisco “El
Estampado” al pensar acerca del futuro de Italia, Daniel me hacía sonreír.
Le debo
mucho a Daniel.Sobre todo, le debo el
dinero que me ahorré en Prozac, gracias a oír setecientas cuarenta y tres punto
ocho veces sobre Esther Píscore, su lápiz, la cistitis a la que son proclives
los de Piscis, la CMAPCP, la excelente pronunciación rusa del Barón Nikita y la
francesa del cuñado de Jean-Claude Tremend.
Y venir a
morirse, así no más… ¡Jajajá, qué ocurrente, doctor!
Adiós, Daniel.Todos sabemos que no te moriste. Nos vemos en
el hotel Normandie de Miami, donde estarás rodeado del aprecio de los tuyos y
el cariño de las tuyas.
1Existen seres despreciables que
hablan de sus ídolos argentinos confianzudísimamente, y dicen Fito y Charlie
como si fueran vecinos de toda la vida. Pues bien, yo soy un ser despreciable
que habla de Daniel (y de Jorge Luis, mi apreciado cegarruto, pero ese ya es
otro tema).
y a la tía Olga por el regalo tan genial que me dio.
La mejor fiesta de quince del mundo fue la mía.
Tenía una camisa de cuadros rojos y blancos, de una tela licrada, espantosa. Estaba estrenando un bluyín comprado en la tienda más prestante de la municipalidad: Stop (acá paro un momento para decir lo que siempre se dice cuando se habla de los bluyines de Stop: "como horman de bonito"). Los zapatos eran unos zuecos negros que yo creo que no han podido dejar de existir. Fui a la peluquería en compañía de mi señorita mamá, y Memín, el estilista, mientras me peinaba, me mostraba un álbum de cuán hermoso había maquillado a varias quinceañeras contemporáneas mías. Todas las jovencitas del colegio que me caían mal. Claramente, por pura rebeldía adolescente pendeja puro orgullo, no me dejé echar ni un ápice de maquillaje.
Mi papá hizo la torta. El decorado era muy chistoso, con esa mezcla lista de Betty Crocker que venía en tarritos, hojuelas de maíz y uvas. La comida la hizo mi amada Ova, la señora que me cuidó cuando era pequeña, que me cantaba a mí y a las matas siempre (y miren na' má' como florecimos de bellas), y que, a pesar de un día haberme dejado metida en mi corral, afuera, en el patio, bajo el inclemente clima del bosque de niebla en que residíamos, yo amo con gran principalidad. A ella y a su cazuela de pollo y multivariedades de cositas, que, precisamente, fue lo que cocinó ese día.
Fueron mis primos, mis tíos, mis amigas, unos amigos de mi mamá y mi papá, y yo estaba feliz. Estábamos en el comedor, mientras Jose ponía música, y hablábamos bobadas, como es menester siempre en las reuniones sociales. Cuando de pronto, sonó un estruendo miedosísimo en la sala. Yo me asusté un poco, y no distinguía bien qué era, hasta que, afinando bien mis levemente hipoacusiosos oídos, logré distinguir las notas del Cumpleaños Feliz emitidas por una tuba. Fui hasta la sala, y no estaban las mecedoras de mimbre ni la mesa con los libros que Villegas Editores publica precisamente para decorar salas. En su reemplazo, estaban los cuarenta integrantes de la Banda Municipal, y de la tuba, blanca, marca Júpiter, que con letra mayúscula sostenida tenía escrito AGUADAS en la parte superior de la campana, era de donde salían esos sonidos.
No me acuerdo muy bien cuál fue el repertorio. Seguramente muchas tropicalidades y alguna jazzada en arreglo para banda musical juvenil de pueblo. Pero a quién le importa qué canciones fueron. Lo siento por ustedes, quinceañeras a quienes les llevaron tríos, o cantante con sintetizador para el vals. En mi serenata de quince hubo oboes, fliscornos, tubas, trombones, saxofones, piccolos, flautas, un bombo y una raspa. Y porro (y gaita) a cascoporro. Y nada de maquillaje. Y mucho amor, mucho, tanto, tan reconcentrado y tan dulce como la Betty Crocker Rich and Creamy Chocolate Frosting.
Personalmente pienso que
una vida dentro del odio es una vida desperdiciada.
Es
como entrar en ese círculo vicioso de quien te hace daño.
Es una
forma de insubordinación, intentar ser feliz a pesar de.
(Bermúdez Castañeda, 2013)
Desde hace como un año y medio,
mi banda sonora de los preparativos previos a partir hacia el trabajo es la PacificRubialEstéreo
la W. Es
un tiempo en que, mientras espero a que se me seque la humectante corporal, puedo
renegar, renegar y renegar y hablar un poquito con J. sobre la realidad nacional. Oyendo a la gente que
llama a dar sus opiniones, me impresiona mucho la cantidad de personas que
quieren acabar la guerra a bala. Y en
general, todo lo del proceso de paz me ha hecho pensar en un montón de
asuntos. El primero es que sí, que realmente
yo pienso que esa es la manera menos mala de acabar con esa fracción del
conflicto. Que con eso, veremos que nuestra
guerra no se va a acabar, porque realmente proviene de la desigualdad social. Que
también, con eso, vamos a dejar de tener una excusa para justificar nuestra
incapacidad de identificar y resolver los problemas que tenemos. Pero también pienso que es muy difícil el
proceso de desmovilizar y reinsertar, y sobre todo, el de ceder, perdonar y
olvidar. Porque acá cualquier esfuerzo
por resarcir es insuficiente. No se van
a regresar los muertos a la vida, no se van a devolver los años perdidos de los
secuestrados, ni los paisajes y sitios hermosos que se dejaron de recorrer o las cosas que se dejaron
de hacer por miedo1. Y tristemente,
no se va a lograr una reforma agraria ultraefectiva y la disminución de la desigualdad
y la brecha social.
Pero bueno. Vuelvo al punto que
más me ha hecho darle vueltas a este asunto: perdonar.
¡Qué cosa tan difícil! Es que, en serio, ¿uno cómo hace para borrarse la
marca de una ofensa, y decir, listo, ya, no me importa, que se me olvide, sean
felices todos? ¿Cómo se logra ese estado
tan superior de vibración2? Leí
algo al respecto que me caló bastante, y es que, antes que perdonar, uno lo que
hace es decidir no vengarse. Eso sí es
más fácil. Y uno hasta puede encontrar
ahí un refugio para su ser herido por la ofensa. Y es el hecho de sentirse bueno por haber resuelto
no tomar represalias. Un pequeño gran placer
de superioridad moral. Pero perdón,
perdón real, no es. Yo he sentido eso un
montón de veces, y no me enorgullece, claramente me da un poquito de desilusión
de mí misma, porque yo me creo muy buenita y a la final todo se convierte en un
asunto de ego. Entonces, una manera que
yo he encontrado para tratar de acercarme al perdón, de una manera un poco
mejor para mí, es intentando ser muy zen pensando en que, la verdad, nada es
tan trivial, y a la vez, nada es tan importante. Para eso me sirve pensar en que no soy la
única a la que le pasan cosas, que realmente yo vivo en general muy bien. Y también ver este video:
"Se siente uno tan insignificante, ¿no?"
Claro, claro. Eso me sirve a mí. A mí que no me ha pasado nada en la vida.
Tomar así las cosas me ayuda, y la verdad, siento de esa manera puedo manejar
mucho mejor el asunto del perdón y puedo vivir, y tranquila, y hasta se me
olvidan las cosas. Pero, a alguien a
quien le hayan matado los seres queridos, a quien hayan violado, a quien hayan
desterrado de un sitio, a alguien a quien hayan secuestrado, ¿eso le
sirve? No sé, no sé y me da mucho
desespero conmigo por no llegar a ningún punto.
Pero bueno, sigo pensando en que
la venganza no es la solución. Así no se perdone, irse a acabar con el otro no
resarce nada, no repara nada, no soluciona nada.
Como siempre, concluyo que no sé
nada, pero no me voy a ir a tomar cicuta por eso. Así somos los aguastibias.com.
1Yo
no me imagino lo que debió haber pensado y sentido mi papá al poner los tres
pares de boticas de caucho cerca de la puerta de la habitación de atrás, para
que no nos picaran las culebras al salir corriendo por la huerta de la casa, si
la guerrilla se entraba. Y sí recuerdo el estrés permanente de toda la familia por
la tía que vivía al lado de la Caja Agraria.
Siempre
me ha impresionado la frasecita en el Padrenuestro que dice “así como nosotros
perdonamos a los que nos ofenden”. Me
llama mucho la atención esa declaración, como tan segura, de que nosotros, los
mortales, perdonamos a los que nos ofenden. O no sé si más bien es una
condición que se nos pone (“Dios la perdona
si usted perdona a los que la ofendieron”).
¿Qué sería de nosotros, los estrato tresymedio, que tenemos todas las necesidades básicas satisfechas, pero que no somos tan pudientes como para sufrir por la declaración de renta o por vivir bajo amenazas de secuestro, sin las penas de amor? ¡Qué vida aburrida sería la nuestra! Nuestras disyuntivas serían sosísimas: ¿compro pan integral normal o del que tiene nueces y cereales? ¿Bandeau o halter? ¿Leo primero a Daniel Samper Ospina o a Héctor Abad Faciolince, a ver cuál me saca la piedra más rápido?.
Además, ¿cómo sabría uno que no está muerto en vida, si no pasa por lo menos una o dos horitas desvelado, llorando, abrazando un peluchito, o sufriendo mientras entra el viento por la ventana, porque a él le encantaba que nos cubriera esa brisa salvaje mientras veíamos la tele?
Pero hay que seguir viviendo.
Se pueden emprender muchas terapias para reencontrarse con uno mismo y para curar un poquito las heridas del alma. Con muchas de ellas, la gente se vuelve toda súper positiva y con pensamiento óptimo caribe sempiterno. Lo malo no es eso, sino su necesidad de restregarle en la cara su superación personal al resto de mortales, que vibran en un nivel más bajo de conciencia. Nos miran con sus ojos de trabados con Okay y con su superioridad moral de profesores de yoga. Pero no importa, porque nosotros los mortales, la gente común, que ríe y llora porque a cada cual le llega su hora, tenemos las verdaderas terapias alternativas.
Las mías son estas:
Oír música feliz, ayuda. Nada de Radiohead ni Darío Gómez. Eso solo lo hunde a uno más en el abismo. Ver videos tiernos de animales bebés en Youtube, también ayuda. Y no lo digo yo, lo dicen los japos: http://www.biobiochile.cl/2012/10/02/estudio-postula-que-ver-imagenes-tiernas-de-animales-mejora-la-concentracion.shtml (no sé si realmente mejora la concentración, pero por lo menos uno saca la ira del corazón mientras ve pandas bebés jugando en la nieve).
Incontables anécdotas se relatan, en cuanta reunión social hay, acerca de las diferencias dialectales del español de nuestro país. La arrechera de alguien puede escandalizar o atemorizar. Ya sea sustantivo o adjetivo, chimbo puede sonrojar señoras o alertar a la DIAN. Tener una canilla abierta, en algunas partes, conduce a altísimos gastos médicas, y en otras, a onerosas cuentas de servicios públicos. Acá usted puede llenar un álbum con caramelos o monas, imagínese. El tema es chévere, y a mí me gusta tratar de pensar de dónde salen esas expresiones (gracias a mi libro de Etimología para Dummies). Pero hay un asunto particular del español colombiano paisa, que me llama mucho la atención, y es el uso del diminutivo, no en su función apreciativa, " para denotar disminución de tamaño en el objeto designado", sino para diferenciar dos sustantivos, específicamente en los casos queso/quesito y mamá/mamita.
Caso 1. Queso/quesito.
Todos sabemos lo que es un queso. Un queso es como una luna, se sabe. Es un derivado de la leche con cierto grado de maduración. Pero en Paisolandia, un quesito no es un queso pequeño, no. Para el quesito, se prescinde completamente del paso de la maduración: leche, cuajo, y listo. Se obtiene una masa semisólida, blanca, blanditica, salada, fresquecita y deliciosa, que no sabe uno si untarla, o dejarla con una configuración geométrica definida, sobre un elemento carbohidrático tipo arepa o pan.
Caso 2. Mamá/mamita
Para decirlo sin rodeos, una mamá es una señora que tuvo a bien traerlo a uno al mundo, muy a pesar de uno, y una mamita es la mamá de esa mamá. La agüelita. La nona, en santandereano (según Etimología para Dummies y yo, el "nona" proviene de "nonagenaria"). El punto esencial de esta discusión, es que acá se refleja la incongruencia que caracteriza a la especie humana, y, particularmente, a la nacida en estas montañas andinas del centro de Colombia: en el caso 1, el queso era viejo y el quesito joven; acá, la mamá es más joven que la mamita.
Vemos, con los dos casos presentados, que el elemento edad configura un papel esencial en la diferenciación con diminutivos del español colombiano paisa, pero no sigue unas reglas claras. Su uso contradictorio probablemente tiene sus orígenes en el antiguo lema del "confunde y reinarás", desafortunadamente muy practicado entre los habitantes de Antioquia y el Eje Cafetero, y también (es solo una hipótesis), es un reflejo de nuestra arraigada incoherencia, que lleva a que acá haya tantos pobres que extrañan las carnitas y huesitos de Uribe, tantos gays fanáticos de la iglesia católica, un título de la ciudad más innovadora del mundo y al mismo tiempo un Gini de más de 0.5. Y un barrio llamado Pablo Escobar.