agosto 26, 2015

Daniel



¡Avant Garde!  ¡Qué hembra!
Rabinovich, D.
Daniel1 se murió el viernes.


Y como ferviente afiliada a los ideales del Frente Liberal Estatista Lista Azul, el partido al que yo pertenezco desde que tengo uso de razón, lloro su pronta partida.

Daniel me acompañó en los momentos más difíciles de mi vida. Nunca me abandonó. Nunca me partió el corazón. Nunca me cambió por otra. Solo me dio felicidad.

Solo con dar un simple play, Manuel Darío, (sí, como el poeta, el de las “Rimas de Becket”), lograba espantar las penas de amor causadas por algún hijo de la mujer de Utah.  Así yo estuviera tan triste como Helmut Bösengeist cuando se acordaba de su perro,  o tan desolada como Francisco “El Estampado” al pensar acerca del futuro de Italia, Daniel me hacía sonreír. 

Le debo mucho a Daniel.  Sobre todo, le debo el dinero que me ahorré en Prozac, gracias a oír setecientas cuarenta y tres punto ocho veces sobre Esther Píscore, su lápiz, la cistitis a la que son proclives los de Piscis, la CMAPCP, la excelente pronunciación rusa del Barón Nikita y la francesa del cuñado de Jean-Claude Tremend.

Y venir a morirse, así no más… ¡Jajajá, qué ocurrente, doctor!

Adiós, Daniel.  Todos sabemos que no te moriste. Nos vemos en el hotel Normandie de Miami, donde estarás rodeado del aprecio de los tuyos y el cariño de las tuyas.



 1Existen seres despreciables que hablan de sus ídolos argentinos confianzudísimamente, y dicen Fito y Charlie como si fueran vecinos de toda la vida. Pues bien, yo soy un ser despreciable que habla de Daniel (y de Jorge Luis, mi apreciado cegarruto, pero ese ya es otro tema).

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